Mensaje Pascua2“Si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios”. (Colosenses 3:1).

El Viernes Santo conduce a un punto culminante la historia de la increíble humillación de Dios. El ser divino, quien dejó el hogar celestial y se hizo ser humano en Jesucristo, sufrió la ignominia de la muerte y la crucifixión. Clavado en una cruz, nos reveló la profundidad de nuestra pecaminosidad y el grado al cual Dios iría en aras de nuestra salvación.

El crucificado fue colocado en un lugar para sepulturas. Tres días más tarde, se levantó de la muerte, proveyendo el fundamento para nuestra vida valiente y para nuestra esperanza segura. Dios levantó del caos de la muerte a aquel que enfrentó la desolación del abandono. Y Dios hizo esto en nombre de la humanidad y de toda la creación.

La Pascua es una metáfora de la destrucción del poder de la muerte y un signo de un nuevo nacimiento, una nueva vida y nuevas posibilidades. Nos proporciona un recordatorio de la forma en que Dios levanta a los caídos, libera a los oprimidos y da paz a los cansados.

De ninguna manera resulta sorprendente que, desde los primeros años, el día de Pascua fuera un tiempo para el bautismo. Aquellos que están inmersos en Cristo son sepultados con él en las aguas del bautismo y son resucitados con él a un nuevo reino. Al levantarse de la tumba de bautismo ven las cosas con una nueva luz; disciernen desde una nueva perspectiva; su encuentro con la gracia de Dios los guía a la vida en una nueva dimensión.

La vida bautismal a la que estamos llamados a vivir involucra un ciclo de morir y resucitar con Cristo. Conocemos la profundidad del dolor que es parte integrante de nuestro ambiente terrenal y conocemos las alturas de la gracia que sólo podemos ver con los ojos de la resurrección. Para nosotros, Dios hace nuevas todas las cosas.

Cuando el mal ha hecho lo peor, el poder y el amor de Dios siguen siendo un bastión contra la desesperanza. Al fijar nuestra mirada en lo alto, las cosas del mundo pierden tanto su atractivo como su escozor. Estamos empoderados por una fe valiente porque, resucitados con Cristo, la vida que ahora está en nosotros es la vida eterna que nada en el mundo puede destruir.

Neville Callam
Secretario General
Alianza Bautista Mundial